lunes, 24 de febrero de 2014

Los peruanos nos abren las puertas de sus casas y sus corazones

Hola a todos, después de tanto tiempo encuentro un ratito para escribir una nueva entrada al blog. Ahora mismo estamos en Iquitos, en la provincia de Loreto y dentro de muy poco seguiremos nuestro viaje camino Pucallpa. 

Hoy os quiero contar nuestra experiencia con los peruanos, que hasta ahora ha sido muy buena. Desde que llegamos a Lima, la gente nos ha ayudado mucho a encontrar hospedajes o sitios a los que necesitábamos ir, incluso acompañandonos hasta la puerta para que nos pasara nada o para negociar el precio para que no nos timasen en ningún  sitio. Han llamado a contactos suyos para darnos direcciones e indicarnos o ayudarnos con temas de horarios de salidas de autobuses y barcos, ya que aquí en Perú cada uno te dice una cosa diferente, ese tipo de gestos son más que agradecidos, os lo puedo asegurar. 

Cuando llegamos al pueblecito de San Antonio de Cumbaza en Tarapoto, la familia de Geni y Cayo nos acogieron como si fuéramos sus familiares, nos ofrecieron su casa para dormir, aunque final dormimos en casa de un señor llamado Luis, dueño de un hostal donde habíamos estado en Huanchaco. Esta familia no sólo nos ofreció su casa sino que teniendo tan poco, nos invitaron a comer, y es algo que cuando ves que no tienen casi ni para ellos, de verdad se te encoge el corazón. 

 Después de esta experiencia nos siguió una todavía más peculiar para contar. Camino a Yurimaguas, en un colectivo, que una especie de furgonetilla, íbamos sentados al lado de una chica joven con su hijo pequeño de tres años. Eylo y yo nos pusimos a hablar y jugar con el niño, pues éste era bien simpático,  me recordaba mucho a mi sobrino Brunito. Después de jugar con el niño, comenzamos a hablar con la chica, que nos acabo ofreciendo su casa para dormir. A mi al principio me dió un poco de no sé qué, porque no la conociamos de nada, pero a medida que pasaba el tiempo, a los tres nos daba confianza. Decidimos ir con ella hasta su casa, donde estaba su marido, un joven ingeniero. Desde el principio nos ayudaron y nos llevaron a todos los sitios que necesitábamos,. Fuimos a un mercado bastante peculiar donde Diego y Eylo probaron los suris, unos viscosos gusanos. Después nos llevaron a buscar las hamacas a buen precio. En ese momento yo me puse malísima del estomago, y me empecé a marear. Adrián,  el marido de Vivi, me llevo a su casa en moto rápidamente.  Allí el padre de Adrián me dio un trago de cortezas de arboles con un poco de miel, y he de decir que se me pasó y pude cenar un poco. Dormimos allí y por la mañana bien temprano, sobre las 6 de la mañana, Adrián nos acompañó al puerto pora coger nuestro barco hacia Lagunas. Toda una experiencia de menos de 24 horas, pero que sin duda nos marcó a los tres y estuvimos muy agradecidos, pues es genial cuando estando lejos de casa te tratan así de bien.

Estando en Iquitos, hubo un día que Diego se había ido con unos amigos argentinos a dormir en un pueblecito llamado Padre Cocha. Eylo y yo nos quedamos por la ciudad buscando tours para la selva. La noche anterior habíamos dormido en un hostal, y pensábamos dormir ahí de nuevo, pero ya no había sitio. Allí mismo, habíamos conocido a un chico que nos ofreció dormir donde el solía dormir, un malecón abandonado que lo estaba cuidando el para que no fuese cualquiera a ocuparlo. Aceptamos pasar la noche allí.  El sitio era hermoso, vistas al rio Amazonas, luna llena y el ruido de las ranas cantando por allí. Pasamos la noche hablando con los dueños de aquel lugar, que lo querían remoledar y hacer una cafetería nueva. Dormimos en el suelo con los sacos de dormir y la mosquitera puesta. Lo mejor de todo fue amanecer en aquel precioso lugar..

También en Iquitos, actualmente estoy hospedada en un hostal con habitaciones compartidas y cocina, todo un lujo cuando éstas viajando, os lo puedo asegurar.  Aquí me siento como en casa. La familia que lleva esto se están portando conmigo de una forma que no puedo explicar, pero para que os hagáis una idea, el simple gesto de darme un beso de buenas noches y un beso de buenos días as cada día los dueños,  las hijas, las nietas, los primos... vamos toda la familia, dice mucho de alguien. Puede parecer una tontería,  pero cuando éstas tan lejos de los tuyos, estas cosas te alegran el día. 

En general todos nos han tratado siempre bien, pero quizás estas anécdotas son las más destacadas y las que quería compartir con vosotros. Sólo espero que en nuestro camino nos sigamos encontrando con gente como esta.

Os mando mil besos desde el corazón de la selva. 
Jaris

1 comentario:

  1. Jaris! qué bonito todo lo que cuentas. Es una gozada ver como hay tanta gente buena en el mundo. Me ha encantado lo que contabas sobre la familia que con tan poco se ofreció a daros de comer... Esque eso es lo que tiene mérito. Dar de lo tienes, y no precisamente sólo lo que te sobra, sino dar sin esperar nada a cambio, sólo por amor. Espero que todas éstas experiencias te estén enriqueciendo mucho...y no dejes de compartir, que aquí también nos hace falta escuchar estas historias!

    Un abrazo fuerte desde Logroño!!! :)

    -Carmencita

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